Exguerrilleros y soldados colombianos colaboran para exhumar restos y dar consuelo a las familias

Por Julia Symmes Cobb

PALMIRA, Colombia 31 ago (Reuters) – Durante casi un año, exguerrilleros trabajaron codo a codo junto con sus antiguos enemigos -soldados retirados del Ejército colombiano-, en un lugar que expresa crudamente el impacto de seis décadas de conflicto en Colombia: un cementerio.

Los excombatientes ayudaron a exhumar restos no identificados que se cree pertenecen a víctimas del conflicto y luego restauraron el rincón del cementerio en Palmira, en el oeste de Colombia, construyendo nuevos osarios y una pequeña capilla.

El proyecto -el primero de su tipo-, es una iniciativa de reparación que se realiza en virtud del acuerdo de paz del 2016, que condujo a la desmovilización de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y al establecimiento de un tribunal de justicia transicional para juzgar exguerrilleros y militares por crímenes de guerra.

Se sabe que casi medio millón de personas murieron en el largo conflicto armado colombiano. Otras 132.877 personas están listas de desaparecidas, pero se cree que la gran mayoría ha fallecido.

Los excombatientes que participaron en este proyecto eran en su mayoría comandantes de rango medio, y su labor será considerada por el tribunal de justicia transicional cuando se dicten las sentencias de reparación.

El proceso obligó a los excombatientes a ver a sus antiguos adversarios como seres humanos, dijeron a Reuters, y también a interactuar con las víctimas del conflicto.

“Somos seres humanos. Ellos tomaron un bando, nosotros otro bando, ellos el de la ilegalidad, nosotros el de la legalidad. Y, pues, al final nos encontramos todos en el mismo camino”, dijo Fabian Durango, un sargento retirado que pasó 16 años en el Ejército tras unirse en 1998.

“Estamos para tratar de mitigar lo malo que hicimos”, agregó Durango, veterano de las fuerzas especiales y de unidades de contrainsurgencia que pasó meses en la selva profunda.

Durango, que tenía 15 años cuando se unió al Ejército, enfrenta cargos en la investigación judicial sobre los llamados “falsos positivos”, en los que soldados asesinaron a civiles y los reportaron como guerrilleros muertos en combate para recibir beneficios.

“Uno más bien en ese momento pensaba más en uno que en otra cosa,” dijo Durango, quien admitió los crímenes. “Es un daño que sabe que ya por más que hagamos o no hagamos nunca lo vamos a recuperar”.

“El dolor de las madres que no tiene reparación” agregó.

Un excomandante de las FARC, que usa como nombre de guerra Leonel Páez y se negó a revelar su nombre real por temor a amenazas de sus antiguos compañeros, dijo que el proyecto en Palmira demostró que es posible llegar a un acuerdo.

“Nos convertimos en amigos y no nos miramos como diferencia que porque fue soldado o porque fui guerrillero, no, fuimos combatientes, que el destino nos puso el uno contra el otro”, dijo.

Páez se unió a las FARC en 1979 a los 17 años y está acusado de participar en secuestros extorsivos y crímenes cometidos en la región de Palmira. Cuenta que también podría enfrentar cargos por reclutamiento de menores.

“EL PATIO DEL OLVIDO”

A los restos de cuerpos no identificados exhumados de la zona del cementerio, conocida por los lugareños como “el patio del olvido”, se les tomará muestras de ADN y se compararán con una base de datos de familiares de desaparecidos.

De ser identificados, sus familias podrán elegir dónde darles un entierro definitivo.

Algunas asociaciones de víctimas pintaron un mural y plantaron un jardín de flores alrededor del área restaurada.

Judith Casallas se alegra de que el lugar de descanso sea ahora más digno.

Su hija de 19 años, Mary Johanna López, desapareció con su novio José Didier Duque en 2007 en la cercana localidad de Pance, donde la pareja había ido en busca de una cabaña para alquilar por el cumpleaños de él. Nunca se ha encontrado rastro de ellos.

La participación de Casallas en el proyecto la puso en contacto con excombatientes que estaban activos cuando desapareció su hija, la menor de tres hermanas y una lectora voraz.

“De cierta manera me sirvió a mí para comunicarles a ellos y que ellos supieran dónde había desaparecido mi hija. Acá había mucha gente que en ese tiempo, tanto fuerza pública como firmantes y comparecientes que estuvieron en Pueblo Pance”, dijo Casallas tras agregar que algunos excombatientes le dijeron que preguntarían por su caso.

Casallas, quien padece problemas cardíacos y renales, todavía compra un regalo de Navidad a Mary Johanna cada año. Tiene 18 guardados.

“El día que llegue a los restos de mi hija ya creeré que ya no está”, dijo, urgiendo a los excombatientes a decir la verdad sobre sus crímenes para ayudar a encontrar restos de los desparecidos.

Algunas familias están recibiendo respuestas.

El martes, los restos de Wilson Losada Borrero fueron enterrados en Palmira. Tenía 19 años cuando desapareció en 2002 y fue el primero en ser colocado en los nuevos osarios construidos durante el proyecto.

Sus padres, hermanos y otros familiares ofrecieron oraciones mientras un trabajador cementaba una placa con su nombre y la imagen de una paloma sobre su osario.

“Hoy doy gracias a Dios porque me lo entregaron. Así sea los huesitos de él, pero me lo entregaron”, dijo su madre, Maricela Borrero, quien recuerda a su hijo como cariñoso y amante del fútbol.

Otras madres que buscan a sus hijos desaparecidos no deben perder la esperanza, dijo. “Siento una tristeza, pero Dios me ha dado, como le digo, esa tranquilidad, esa valentía de afrontar esto”.

La Unidad de Búsqueda de Desaparecidos (UBPD), creada en virtud del acuerdo de paz para encontrar a los desaparecidos del país, dirigió las exhumaciones en el cementerio de Palmira.

Registros que datan de 1982 muestran que al menos 600 personas no identificadas fueron enterradas en el ahora restaurado rincón, según Marcela Rodríguez, investigadora regional de la UBPD para la cercana ciudad de Cali.

Hasta el momento, se han exhumado 72 personas. Quienes no son identificados inicialmente mediante ADN serán depositados en los osarios.

Hasta el 60% de los desaparecidos en Colombia podrían haber terminado en cementerios, un importante foco de recuperación de restos a nivel nacional, declaró a Reuters la directora nacional de la UBPD, Luz Janeth Forero, tras una ceremonia en la que excombatientes entregaron a la comunidad la parte restaurada del cementerio.

“Eso es una lección para el país, como en insistir en la idea de que la paz es posible, de que se puede, con acciones pequeñas, con obras concretas,” dijo Rodríguez.

(Reporte de Julia Symmes Cobb, escrito por Nelson Bocanegra; Editado por Javier López de Lérida)

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